Hace mucho años tuve mi primera experiencia a bordo de un antiguo viejo Tubal y su forma de pera tan característica… A pesar de que era un niño y me aterraba el barco, el recuerdo de la sensación de navegar, la espuma del mar, el viento en la cara y la sensación de libertad hizo que tuviera la espinita clavada y quisiera repetir. Mi problema era que no me veía compartiendo 11 metros de barco durante una semana con gente que no conocía de nada.. Pero esa sensación desapareció a la media hora de estar juntos en mi siguiente viaje  a Ibiza, todo él se llenó de buen rollo, al final de la travesia no sólo descubrí una pasión personal por el mar y la vela, sino que ahora resulta que tengo amigos cerquita de San Sebastián. Esto hay que vivirlo.

Gonzalo, Ibiza